Cuando una prótesis falla, la cirugía de recambio es técnicamente más exigente que la primera: hay pérdida ósea, cicatriz y a veces infección. Requiere planeación específica y disponer del implante adecuado antes de entrar.
El primer paso nunca es operar: es averiguar por qué falló. Una revisión planeada sobre un diagnóstico equivocado tiene mal resultado por bien que se ejecute. En particular, hay que descartar infección de forma activa antes de decidir el plan, porque una infección y un aflojamiento mecánico se tratan de forma completamente distinta.
Se recambian los componentes afectados en un solo tiempo. Según el defecto óseo se emplean:
Lo habitual es una revisión en dos tiempos:
En casos muy seleccionados y precoces puede plantearse un abordaje distinto, pero se decide con criterios específicos y no como atajo.
Son mayores que en una prótesis primaria: infección, sangrado con mayor probabilidad de transfusión, fractura durante el retiro de componentes, lesión neurovascular, luxación, falla de la fijación o del injerto, discrepancia de longitud, y necesidad de una nueva cirugía. Todo se explica en consulta y queda por escrito antes de operar.
La señal más frecuente es dolor que reaparece después de un periodo sin molestias, sobre todo si aparece al iniciar la marcha o al cargar peso. Otras señales son sensación de inestabilidad, ruidos nuevos, acortamiento de la pierna o episodios de luxación.
Cualquier dolor nuevo en una prótesis que ya no dolía merece valoración. No siempre significa falla, pero siempre hay que estudiarlo.
Porque cambia por completo la cirugía. Un aflojamiento mecánico se resuelve recambiando componentes en un solo tiempo. Una infección periprotésica habitualmente requiere dos tiempos: retirar todo, dejar un espaciador con antibiótico, tratar la infección, y reimplantar semanas después.
Operar una infección como si fuera un aflojamiento mecánico condena el resultado. Por eso el estudio previo con laboratorios y, cuando está indicado, aspiración articular, no es un trámite: es lo que define el plan.
Se reconstruye. Según el tamaño y la localización del defecto se usan injertos, aumentos de metal trabecular, cotilos de revisión con fijación adicional, o vástagos modulares estriados que buscan anclaje en hueso sano más abajo.
Esa es la razón por la que una revisión se planea con radiografías y, en casos seleccionados, tomografía: hay que saber qué defecto se va a encontrar y tener el implante correcto disponible en el quirófano.
Suele ser más lenta. La carga se progresa según la reconstrucción que se hizo, y en algunos casos hay que retrasar el apoyo completo varias semanas para proteger un injerto o una fijación.
El objetivo también se plantea de forma realista: estabilidad, alivio del dolor y función; no necesariamente el mismo resultado que una cadera primaria.
Más de una, pero cada revisión parte de menos hueso y menos tejido que la anterior. Por eso la primera revisión conviene hacerla bien planeada y en el momento adecuado, no cuando la pérdida ósea ya es masiva.
Eso también explica por qué insistimos en los controles periódicos de una prótesis que no duele: detectar el desgaste a tiempo hace que la revisión sea mucho más sencilla.
Cada cadera es distinta. La indicación se define con tu historia, la exploración física y tus radiografías; no con un diagnóstico a distancia.
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