Cuando la cadera duele por una displasia y el cartílago todavía está bien, la osteotomía periacetabular permite reorientar el acetábulo y conservar la articulación propia, en lugar de esperar a necesitar una prótesis.
La osteotomía periacetabular —también llamada PAO u osteotomía de Ganz— es un procedimiento de preservación de cadera. Consiste en realizar cortes controlados alrededor del acetábulo para liberarlo de la pelvis, reorientarlo a una posición que cubra mejor la cabeza femoral, y fijarlo ahí con tornillos.
El problema que corrige es mecánico. En una cadera displásica el acetábulo es demasiado vertical o demasiado poco profundo, y la carga del cuerpo se concentra en un borde en lugar de repartirse. Ese sobreesfuerzo desgarra el labrum y desgasta el cartílago de forma progresiva. Reorientar el acetábulo redistribuye la carga sobre una superficie mayor, y con eso se busca detener o frenar ese deterioro.
La clave está en el momento. Esta cirugía funciona cuando todavía hay cartílago que valga la pena proteger. Cuando la artrosis ya está establecida, reorientar el acetábulo no quita el dolor, y la indicación correcta pasa a ser otra.
Pocos cirujanos en México hacen esta cirugía, y por eso muchos pacientes vienen de otros estados. Si vives fuera de Chihuahua, puedes empezar enviando tus radiografías por WhatsApp para una primera opinión. Así funciona para pacientes de otras ciudades.
La valoración no se reduce a una radiografía. Se necesita:
Se realiza bajo anestesia regional o general, según la valoración del anestesiólogo. A través de un abordaje en la región inguinal se accede a la pelvis y se realizan los cortes que liberan el fragmento acetabular. Ese fragmento se reorienta hasta lograr la cobertura buscada y se fija con tornillos.
Todo el procedimiento se controla con fluoroscopia intraoperatoria, que permite verificar la posición del fragmento y de la fijación antes de terminar. Si el caso lo requiere, se trata también la lesión del labrum.
Es una recuperación estructurada y conviene conocerla antes de decidir:
Es una cirugía mayor y hay que hablar de riesgos con claridad: infección, sangrado que pueda requerir transfusión, trombosis venosa, alteraciones de sensibilidad en la cara anterior del muslo por afectación del nervio femorocutáneo, retardo o falta de consolidación del hueso, corrección insuficiente o excesiva, y progresión de la artrosis a pesar de una corrección adecuada.
Todos se revisan caso por caso en la consulta y quedan por escrito en el consentimiento informado antes de la cirugía.
Es una cadera en la que el acetábulo —la parte de la pelvis que cubre la cabeza del fémur— quedó poco desarrollado y no la cubre lo suficiente. La consecuencia es mecánica: el peso del cuerpo se concentra en una superficie más pequeña de la que debería, y eso sobrecarga el cartílago y el labrum año con año.
Muchas personas llegan a la vida adulta sin saber que la tienen. El dolor suele aparecer entre los 20 y los 40 años, con frecuencia atribuido a un problema muscular.
No se decide con una consulta a distancia ni con una radiografía suelta. Hacen falta tres cosas: que el dolor sea claramente de origen articular, que las radiografías muestren una cobertura insuficiente medible, y que el cartílago esté todavía en condiciones razonables, lo que habitualmente se valora con resonancia.
La edad importa, pero no es un límite rígido. Lo que más pesa es el estado del cartílago: si ya hay artrosis establecida, reorientar el acetábulo no resuelve el dolor y la conversación cambia hacia una prótesis.
Es una recuperación larga y hay que entrarle sabiéndolo. Las primeras semanas se camina con muletas y descarga parcial, mientras el hueso consolida. La marcha sin apoyos suele recuperarse en unas semanas más, y la mejoría funcional sigue avanzando durante meses.
No es una cirugía para resolver un dolor de la semana pasada. Es una cirugía para cambiar la trayectoria de una cadera a diez o veinte años.
No. El objetivo es corregir la mecánica para que el cartílago que te queda dure mucho más, y quitar o disminuir el dolor. En caderas bien seleccionadas eso puede significar décadas de articulación propia.
Lo que no hace es regenerar cartílago ya perdido. Por eso la selección del paciente es la parte más determinante de todo el procedimiento.
Sí, y con frecuencia tiene sentido. La displasia suele venir acompañada de lesión del labrum, y en casos seleccionados se trata la parte intraarticular por artroscopia y en el mismo tiempo quirúrgico o en un segundo tiempo se hace la osteotomía.
La decisión de combinar o separar depende de los hallazgos y se plantea antes de la cirugía, no durante.
Cada cadera es distinta. La indicación se define con tu historia, la exploración física y tus radiografías; no con un diagnóstico a distancia.
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