Cuando el cartílago ya se perdió y el dolor limita la vida diaria, la artroplastia total sustituye las superficies dañadas. Es una de las cirugías con mejor relación entre alivio del dolor y recuperación funcional de toda la ortopedia.
La artroplastia total de cadera sustituye las superficies articulares que ya se dañaron. El objetivo es concreto: quitar el dolor, recuperar movilidad y devolverte las actividades de la vida diaria que la cadera te quitó.
Se indica cuando el cartílago ya se perdió y el tratamiento conservador —analgésicos, rehabilitación, control de peso, modificación de actividad— dejó de ser suficiente.
La combinación de cabeza y liner es lo que se llama par de fricción, y es una de las decisiones que más influyen en la durabilidad del implante.
La planeación importa tanto como la cirugía. Antes de entrar a quirófano se planea sobre tus radiografías el tamaño de los componentes, la reconstrucción de la longitud de la pierna y el offset, que es lo que devuelve la tensión correcta a los músculos. Una prótesis bien planeada previene cojera, discrepancia de longitud y luxación.
Habitualmente con anestesia regional. Se accede a la articulación, se retira la cabeza femoral dañada, se prepara el acetábulo y el canal femoral, se colocan los componentes definitivos y se comprueba la estabilidad, el arco de movimiento y la longitud de la extremidad antes de cerrar.
Infección superficial o periprotésica, trombosis venosa profunda y tromboembolia, luxación de la prótesis, discrepancia de longitud de las piernas, fractura periprotésica, aflojamiento o desgaste de los componentes con el tiempo, lesión neurovascular, osificación heterotópica y complicaciones relacionadas con la anestesia. Todos se revisan en consulta y quedan por escrito antes de operar.
No lo define la radiografía, lo define la vida diaria. El momento llega cuando el dolor te despierta por la noche, cuando ya no puedes caminar lo que necesitas caminar, cuando ponerte un zapato o subirte al coche se volvió un problema, y cuando el tratamiento conservador ya se agotó.
Hay radiografías muy deterioradas en gente que funciona bien, y caderas menos alteradas que incapacitan. Se opera a la persona, no a la imagen.
Con los materiales actuales y un implante bien colocado, es frecuente que superen los 15 a 20 años, y muchas duran más. La cifra concreta depende de la edad, del peso, del nivel de actividad y del par de fricción elegido.
Lo que sí conviene entender es que una prótesis es un implante mecánico y por eso se vigila con controles periódicos, aunque no duela.
Pronto. La deambulación asistida se inicia de forma temprana, habitualmente en el postoperatorio inmediato, y esa movilización precoz es parte del tratamiento: reduce el riesgo de trombosis y acelera la recuperación.
Caminar sin apoyos, subir escaleras con soltura y retomar la rutina completa es un proceso de semanas que se acompaña de rehabilitación.
No hay uno mejor para todos. Metal-polietileno, cerámica-polietileno y cerámica-cerámica tienen cada uno un perfil distinto de desgaste, de costo y de comportamiento.
La elección se hace en función de la edad, la actividad esperada, la anatomía y la expectativa de durabilidad. Es una decisión que se explica y se toma en consulta, antes de la cirugía, no en el quirófano.
No es la regla. Se emplean medidas para reducir el sangrado y en la mayoría de los casos no se requiere. Aun así es una posibilidad que se contempla y se consiente por escrito, porque depende del caso concreto y de la complejidad.
Actividades de bajo impacto como caminar, bicicleta, natación o golf son habitualmente compatibles y se recomiendan. El impacto repetido y los deportes de contacto se valoran individualmente, porque aceleran el desgaste.
La recomendación se ajusta a tu edad, al tipo de implante y a lo que quieras volver a hacer.
Cada cadera es distinta. La indicación se define con tu historia, la exploración física y tus radiografías; no con un diagnóstico a distancia.
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